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Confesiones....


Me he mirado al espejo despacio, observando cm a cm mi piel.

Tengo toda una colección de marcas, no se cual me gusta más, algunas mujeres prefieren tener la piel tersa, impoluta, sin embargo par ami no hay nada más bello que ver como van saliendo esos morados donde me has “acariciado”.

Para cualquier otra mujer, desconocedora de como es nuestra intimidad seguramente le escandalizaría e indignaría y sin embargo para mi verlas y acariciarlas es revivir como mi Dueño me ha dado su amor.

Recuerdo un día, estábamos tumbados en la cama, yo estaba fumando y usted de lado con la cabeza apoyada en la mano me miraba con una sonrisa.

Su dedo jugando con mi ombligo, con extrema dulzura. Me quedo mirándolo con una ceja arqueada y una sonrisa picara en los labios.

Ni dice nada y me mira, me deja hacer.

Doy una calada al cigarro y lo acerco a uno de los pezones, sin tocarlo pero notando el calor. Siento placer y un gemido escapa de mi garganta, vuelvo a llevar el cigarrillo a mis labios mientras su dedo va bajando suavemente y acaricia mi clítoris. Acerco de nuevo el cigarro, ahora al otro pezón, sigo sin tocarlo pero me gusta esa sensación de calor.

Su sonrisa se amplia - “¿a que no te lo apararías en el pecho?” - “¿Eso le gustaría a mi Señor?” - “¿Te gustaría a ti?”.

Acaricio su rostro con la mano libre, llevo el cigarrillo a la boca y sin apartar la mirada de sus hermosos ojos azules llevo poco a poco el cigarro hasta mi pecho derecho, no me dice ni para ni sigue, solo espera.

Tardo una eternidad en reunir el valor pero lentamente empiezo a apoyarlo en mi seno. Noto un dolor terrible y quiero apartarlo, hago el amago pero me resisto, lo aprieto hasta casi apagarlo, no lo consigo del todo. El no dice nada solo me mira como hipnotizado, no me creía capaz ni tan siquiera de intentarlo.

Vuelvo a llevar el cigarrillo a mis labios para revivirlo, ahora lo intento en el otro, esta vez muy cerca del pezón, saltan dos lagrimas de mis ojos pero tampoco lo consigo, me escuecen las dos quemaduras, se esta empezando a formar la ampolla. Pero me duele más el orgullo, estaba convencida que lo haría sin el más mínimo esfuerzo.

El cigarro vuelve a mis labios y cuando estoy llegando de nuevo al pecho derecho, él frena mi mano -”No” - “¡Por favor!” - le suplico- Me mira preocupado se que no quiere, aunque también sabe que necesito hacerlo.
Me suelta y con un gemido ahogado lo apoyo de lleno, aprieto los dientes por el dolor, lagrimas bajan por mi mejilla. El cigarrillo ya esta apagado. Me lo quita con suavidad y besa con mucho cuidado las tres quemaduras.
Se levanta y tira de mi hasta el baño, donde me cura las heridas.
Sigo plantada frente al espejo con una sonrisa en los labios miro con orgullo las tres marcas que hay en mis pechos, el, yo, nosotros...
 
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