Home » » EL ADIOS

EL ADIOS



Lo miro desde la cama, esta dando vueltas por la habitación como un león enjaulado, no se que le pasa y se me encoje el corazón, ¿Qué pasara? sigue sin hablarme ni mirarme, no se si he cometido un error o simplemente no sabe como decirme que todo acabo.

Cierro los ojos con fuerza, contengo las lagrimas, no antes de tiempo, no hasta que este sola
nunca deberá ver mi debilidad.

Sigue dando vueltas por la habitación sin mirarme y lo termino de entender todo, llego el final y no sabe como decirlo. Lentamente me voy levantando de la cama, esa cama que guarda tantos secretos, tantas horas de dolor y placer.

Me siento en el borde y tomo las medias al cogerlas cae la fusta al suelo en un sonido sordo que me hace revivir el momento en que posada sobre mis manos y mis rodillas y como con movimientos acompasados como si compusiese una canción va golpeando rítmicamente mi culo y luego la planta de mis pies dejando su marca inconfundible en mi, a cada golpe que recibo mi alma se expande y vuela.

Lentamente me voy poniendo las medias y consigo que no me tiemblen las manos, mis gestos parecen tranquilos y seguros. Las he sujetado al liguero, sigue sin mirarme y yo mantengo la mascara mientras por dentro me voy rompiendo a pedazos, dejando cada uno ellos repartidos por los rincones de esta habitación.

Tengo ganas de vestirme deprisa y salir volando pero no, lo controlo, soy fuerte y este es mi último acto de dolor con él, me pongo el sujetador y miro la mesilla en el cajón esta la cuerda, adoraba sentirme atada con ella ¡como puedo expresarlo!, no tengo manera.

Tomo la camisa de la silla, mi cabeza esta levantada es la primera vez y me resulta extraño, me la pongo poco a poco y veo en un rincón en suelo una vela haciendo que asome una triste sonrisa a mis labios.

Vuelvo a mirarlo y esta de espaldas a mi, mirando por la ventana su espalda ancha y el pelo un poco mas largo de lo que lo solía llevar se riza en su nuca. Viste igual que siempre de negro pero ya no es el hombre de siempre, ya no le veo esa fuerza ni el poder, ahora solo es un hombre que mira por una ventana con las manos a la espalda jugueteando con los dedos en un gesto nervioso.

La falda esta en el sillón y me acerco descalza sin hacer ruido hasta ella, me la pongo despacio a la misma velocidad que me la quitaba para el.

Termino de ponerme los zapatos, fueron regalo suyo, cuando llegue a casa los tirare a la basura. Tomo el abrigo y mi bolso, sigue mirando por la ventana con la cabeza baja, como le gustaba que estuviese la mía cuando se ponía ante mi para darme una orden, y ahora es la mía la que esta alta y la suya baja.

Abro la puerta y vuelvo a mirar la habitación y a el por ultima vez, ya no veo al gran hombre, al gran Amo, sino la desilusión de quien no ha sabido decirme que ya no le intereso.

Cierro con suavidad, casi sin hacer ruido y salgo de su vida, el aire es frío en la calle y hace que caigan esas lagrimas que he sabido controlar, la calle es larga pero me lleva a mi futuro.
 
Support : Copyright © 2015. diariodeuna esposaobediente - All Rights Reserved